El drama de los desahucios en España: La avaricia de unos pocos es la desgracia de muchos

El número de desahucios en España sigue aumentando. Las medidas tomadas por el gobierno no hacen más que agravar la situación de emergencia y de vulneración de derechos humanos en materia de vivienda en España. Ahora están surgiendo múltiples de plataformas ciudadanas que se encargan de ayudar a todas esas personas que se han quedado sin hogar. Cada ejecución hipotecariaFuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)– es una familia a la que se le priva de un derecho fundamental como es la vivienda. Una familia condenada al sufrimiento y al endeudamiento de por vida. La familia de Anabel Guerra es un ejemplo de esa exclusión social.

Foto de Anabel Guerra

Foto de Anabel Guerra

Anabel era profesora de inglés y propietaria de una academia de estudios, donde múltiples de jóvenes del municipio de Ingenio (Gran Canaria) acudían allí para sacar adelante sus estudios. Le gustaba cómo llevaba a cabo su vida y todo lo que hacía. “Yo creo que nací para ayudar al que pueda ayudar, para enseñar algo que me encantaba, porque no solo enseñas una asignatura, sino una forma de vida. Hay gente que tiene poca autoestima y con una asignatura se la subes” afirma Anabel. Pero su calvario comenzó hace cinco años cuando recibió una carta del banco notificándole que se iba a llevar a cabo la subasta de su casa. Tenía pendiente un préstamo de 220.000 euros y que ella desconocía por completo. “Yo no sabía por qué. Yo voy al banco y pido cita, allí me dice que tengo un préstamo que está pagando en tantas letras. Me robaron la vida“.

Ese préstamo lo había solicitado su marido M.I.; todavía desconoce para qué quería esa cantidad de dinero, pero lo que sí sabe es que esa deuda la llevará encima de su espalda para el resto de su vida. “Todavía no sé para qué fue el préstamo, que lo decida la justicia. Yo no puedo indagar en muchos sitios. Él dice que yo lo sabía, que estaba loca, que era siempre lo que decía. Mi firma no aparece en ningún momento, pero él tenía un gran poder. Aparece su firma, la mía no”. Al contemplar tal panorama y, pensando en el bienestar de sus hijos, lo primero que hizo fue pedir un préstamo personal en otro banco distinto, para poder estirar un año más de vida en esa casa. No obstante, esa solución resultó ir en su contra; era como ponerle una tirita a una pierna rota. Ella llega a la conclusión de que “no era consciente de que de repente tu mundo se vuelve al revés. Nadie me informó de los posibles inconvenientes de esta acción”.

La incertidumbre de su situación y de su futuro provocó que sufriera un infarto cerebral mientras daba clases. Fue hospitalizada durante 18 horas. Anabel relata cómo fue la situación. “Me costaba caminar, babeaba, con la mirada perdida, pero en todo momento era consciente de lo que estaba pasando en mi cerebro. Yo me quedé inmóvil, sin poder caminar ni comer. Consideraron que no debían hacerme un control neurológico, cosa que pasado el tiempo realmente debían haberme ingresado porque los problemas neurológicos tienen unos seis meses de vida, y ese tiempo significa poder recuperarte, no al cien por cien, pero si para darte unas recomendaciones y no enviarte un médico de medicina general, no es un neurólogo“. Todavía no se ha recuperado y le han quedado algunas secuelas.

Ahora mismo está en un proceso de divorcio contencioso que solicitó antes de Navidad. Según afirma Anabel, su marido alega que no tiene dinero pero ella intenta demostrar que si lo tiene. “Yo sé lo que sé. El divorcio lo he pedido hace poco porque antes yo no estaba preparada para pedirlo. La excusa era que mis hijos eran menores de edad, y es su padre aunque sea un golfo. Estaba también esperando que cometiera más errores para demostrar que tenía dinero, porque yo sé que él tiene dinero. Tenía que tener la suficiente paciencia para demostrar eso, y posiblemente ese fue mi mayor error. Él hacía que yo tuviera falta de credibilidad. En una pareja siempre tiene que haber una persona activa y otra pasiva, él era el poli bueno y yo el poli malo. Todavía no sabe lo de la solicitud de divorcio; se tuvieron que recoger muchas pruebas. Él se largó a Gambia. No comprendo cómo alguien puede hipotecar las vidas de su propia familia, ya no está dentro“, sentencia.

Aconsejada por un policía amigo suyo y asesorada por un agente de la Guardia Civil, asistió a Violencia de Género por maltratos psicológicos. Nos relata que “la gente cree que la violencia de género es cuando te dan leña, pero también hay manipulación psicológica. Es difícil de detectar. Tenía una venda en los ojos y no podía ver, la gente me avisaba, pero yo no lo veía. Cuando se me cayó la venda fue en Violencia de Género, con la terapeuta. Me habían usado, te vuelves loca. Fui a unas terapias y ahí empecé a caminar. Mi abogado de oficio es la persona que me da caña para que siga adelante y haga las cosas”.

Sin ingresos fijos (se vio obligada a cerrar su academia), desahuciada, en un proceso de divorcio, sin poder pagar el alquiler donde actualmente vive y solicitando la ayuda de Cáritas; acudió a STOP Desahucios (la PAH no existía aquí en ese momento) y le informaron de los pasos que debía llevar a cabo. “Desde la plataforma me han ayudado muchísimo. El problema de aquí es que los abogados trabajan para los bancos, es una cosa que aprendí. A parte de que un banco tenga su departamento jurídico, también recurren de abogados y procuradores exteriores, ¿quién les va a pagar mejor, el banco o tú?. Me encontré con las manos atadas, ¿dónde están los abogados para temas hipotecarios?. No hay ninguno. No he pedido asesoramiento a ningún organismo, si no lo saben los abogados, menos lo saben los organismos públicos. Y según los medios de comunicación, los organismos públicos están sostenidos por los bancos y viceversa. ¿Para qué vas a ir, para que te tomen el pelo?”.

Manifestación ante la sede del PP en Las Palmas G.C. Foto: Andrés Romero

Manifestación ante la sede del PP en Las Palmas G.C. Foto: Andrés Romero

Anabel ha recibido ayuda de mucha gente, como por ejemplo de Juan José Gil, alcalde de la localidad, Bentejui Santana, integrante de STOP Desahucios, y de la mayoría de los amigos de su hijo mayor. Pero siente mucha tristeza porque no ha recibido la ayuda de la gente que más esperaba: la de su propia familia y la familia de su marido; “me he llevado muchísimas decepciones, de gente adulta que estaba ahí cuando había dinero. La única persona que vino de mi familia a mi rescate fue mi primo. Le metí en un follón imposible. Pidió un préstamo para que pasara más tiempo en la casa. Dejó de pagarse lo del negocio y, bueno, él intentó hacerlo de la mejor manera del mundo y me sentía atacada. Me siento decepcionada con mucha gente del pueblo, muchas cabezas, muchas espaldas, muchos hombros, pero para apoyarte no. Es triste que pase en un pueblo pequeño“. Toda su vida ha estado ayudando a la gente, ahora es ella quien necesita una ayuda…y urgente.

 

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Un comentario en “El drama de los desahucios en España: La avaricia de unos pocos es la desgracia de muchos

  1. Deseo que para este nuevo año, la dura realidad vivida por muchas familias se acabe y puedan volver a vivir con una vivienda, trabajo, sanidad y educación dignos. Muchas felicidades.

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